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El amante de las cicatrices

Cuando Harry Crews se propone escribir una historia de amor, le sale un libro lleno de cicatrices y su personaje Pete lo sabe: huye de un pasado lacerante, trabaja a destajo en una fábrica y evita cualquier tipo de contacto humano, no quiere que nadie le salpique con sus problemas, suficiente tiene ya con los suyos y, además, de repente aparece Sarah, una extraña mujer que se mete en su vida sin consideraciones ni permisos, que logra que la vida de Pete haga un giro extraordinario: el amor no siempre toca a la puerta de quien lo busca, también se aparece en donde no lo llaman.

A Crews no le resulta placentero hablar de nuestras simulaciones. Sabe que en realidad somos carnívoros y nos comportamos como asesinos. Así de simple, una historia con un solo muerto y varios personajes llenos de cicatrices, de todas las formas posibles, no sólo físicas, sino, como en el caso de Pete, que carga con el retraso mental de su pequeño hermano y se resiste al amor con pretextos y violencias verbales.

Una novela intensa, “rara”, que me atrapó por una frase: “ …hay algo bonito en una cicatriz. Significa que ya no te duele, que la herida se ha cerrado y ha sanado para siempre”. Cierto, una cicatriz ya no supura, ya no duele, es un caso cerrado y a eso llega Pete cuando encuentra a su hermano y acepta que Sarah se ha quedado en su vida para cerrar la herida.

«El amante de las cicatrices»

Harry Crews

Traducción de Javier Lucini

Editorial Dirty Works, 2015, 331 pp.