Tan poca vida
22 noviembre, 2017
Miguel León Portilla
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EL MUNDO SEGÚN RAY LORIGA

Ray Loriga 2

De Enfant terrible a rockstar: el mundo según Ray Lóriga

  • Al final, en Ray Loriga pueden darse múltiples maneras de entender el presente, su presente, pero siempre con una mirada crítica: en el pasado había mucho sexo, drogas y rock and roll; en Rendición no aparece nada de eso, pero siempre se mantiene aquello que lo lleva a la escritura: preguntar, no aceptar la primera explicación

Por Jesús Alejo Santiago

Durante muchos años vivió con cabello largo, tatuajes a la vista y anillos estridentes. Clásica chamarra de piel y la mirada del malo de la película. No quería ser el héroe, sino más bien el villano de la literatura española, prácticamente desde la aparición de Lo peor de todo, hace ya 25 años.

Después llegó Héroes, una novela que se inspira en David Bowie y en el rock, muy cerca de la estética de Raymond Carver, Jack Kerouac y Charles Bukowski. Y se vinieron Caídos del cielo, Tokio ya no nos quiere, Ya sólo habla de amor, El bebedor de lágrimas, Za Za, emperador de Ibiza, a los que habría que sumar sus libros de relatos: Días extraños, El hombre que inventó Manhattan, Los oficiales y el destino de Cordelia.

Aún parece un viejo beatnik, un roquero en la lucha permanente por la supervivencia, que en los últimos años enfrentó una situación hasta cierto punto común en cualquier sociedad: en España se le consideraba como escritor que iba hacia abajo, incluso el que hubiese obtenido el Premio Alfaguara de Novela 2017, por Rendición, se consideraba una especie de resurrección en su vida y en su obra.

Sin embargo, la crítica literaria de medios como The New York Times, The Guardian, The Washington Post consideran a Ray Loriga como un escritor imprescindible, “un autor fuera de serie, original, convincente, a la altura de Burroughs, Houellebecq, Gibson”, recuerda Elena Poniatowska en un texto publicado en El País (07/07/2017).

Un reconocimiento

Todo esa trayectoria tiene su cereza con la obtención del Premio Alfaguara 2017, por su novela Rendición, “una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva, una parábola de nuestras sociedades expuestas a la mirada y al juicio de todos”, según el acta leída por la presidenta del jurado, Elena Poniatowska.

“Sin caer en moralismos, a través de una voz humilde y reflexiva, con inesperados golpes de humor, el autor construye una fabula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos. La trama de Rendición sorprende a cada página, hasta conducirnos a un final impactante que resuena en el lector tiempo después de cerrar el libro.”

Integrado por Samantha Schweblin, Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman, Eva Cosculluela y Pilar Reyes, presidido por Elena Poniatowska, el jurado se pronunció por mayoría sobre seis novelas, de entre las 675 que respondieron a la convocatoria.

Ya pasaron algunos meses de ese reconocimiento, pero el nacido como Jorge Loriga Torrenova, en 1967, sigue en gira de promoción por varios países de América, que tendrá su cierre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, de ahí que sea un convencido de que se trata de uno de esos galardones “que celebran a la literatura y sobre todo a una lengua que cuenta con una vasta y rica tradición”.

Y en esa rica tradición, Ray Loriga ubica como una figura central al jalisciense Juan Rulfo, a quien concibe como fundamental en su propia conformación como creador, “no sería quien soy sin Juan Rulfo, para empezar: todo lo medianamente inteligente que salga en mis libros lo vi, de alguna manera, en la sombra de Rulfo.

“Y es muy difícil caminar sin sombras, tienes que tener las sombras que son amparos, son cobijos, son protecciones y son ideas que se prolongan. Según baje el sol, más larga la sombra y esa es nuestra lengua”.

Desde la perspectiva de Poniatowska, el gran símbolo de Rendición “es la ciudad de cristal porque ahí todos perdemos hasta nuestro olor, el olor corporal, característica que nos individualiza (“la mujer de uno huele como ninguna otra cosa y cada persona está acostumbrada a olerse a sí misma y a la persona que quiere”). Somos un inmenso desodorante. Este pasaje quizá sea una alegoría de regímenes totalitarios como el estalinismo o el nazismo, que deshumanizaban a las personas reduciéndolas a un número (horriblemente tatuado en el antebrazo). En Rendición nadie huele a nada o todos olemos a chivo”, escribió en El País.

Rendirse o no, ese es el dilema

Sin tiempo ni geografía, una familia está sometida a una guerra y la vida transcurre sin definirse a ciencia cierta quiénes son los “buenos” o los “malos”, hasta que llegan a un lugar en donde todo es de dominio público: se pierde el anonimato, la intimidad y estamos sometidos a lo que el poder decida.

A muy grandes rasgos, esa es la trama de Rendición, la novela con la que Ray Loriga parece haber resucitado, una historia que mantiene sus mismas preocupaciones, pero con una perspectiva mucho más intimista.

  • Se parte de la idea de una guerra, pero va más allá: las razones son sociales, políticas y hasta tecnológicas…

Me gustaría pensar, y por eso situé la historia en el limbo, tanto temporal como geográfico,  que es compartible y que podría leída como yo he leído obras de Kenzaburo Oé o de Thomas  Bernhard, sin querer compararme con ellos.

  • El tema es que pareciera no ser sólo de nuestro tiempo: de los 15 minutos de fama de Warhol, a sólo existimos cuando aparecemos en televisión y en la actualidad a partir de los “me gusta” que tengamos…

Por eso, me interesa la posición del individuo, su autoestima y su esencia, pero antes de esos inventos podríamos hablar de lo que llamamos en España “un patio de corrala”: si aquí pudiéramos preguntar si estamos bien peinados o no, si estamos gordos o flacos, hasta qué punto eso merma nuestra esencia, nuestra identidad, sobre todo cuando lo buscamos desesperadamente.

“Pero tienes la razón: en todos estos procesos, la fascinación por estos nuevos elementos llevan procesos de adaptación, ahora mismo la televisión se ha convertido en un electrodoméstico, se ha sustituido por los ‘likes’, lo que en principio no me parece mal, sobre todo porque a quienes ya somos muy viejos poco nos puede afectar, pero entre los jóvenes sí hay una cierta obsesión por la apreciación del grupo”.

  • Y de la irrealidad tan verosímil que planteas en la novela, ¿qué es lo que más te preocupa?

Más que preocuparme, me extraña y me lleva a reflexiones. Quizá habíamos entendido la idea de los estadios totalitarios, representados muy bien en la historia de la literatura del siglo XX, y la posición del individuo como acosado por los estados totalitarios. Lo que estoy viendo hoy día son posiciones de autodelación por parte del individuo, que surgen no de la amenaza, de la extorsión o de la tortura, sino de la vanidad.

“El empeño por mostrar todas y cada una de las cosas de nuestra  vida, desde las más  íntimas hasta las más frívolas, desde las más superficiales y todo bajo una apariencia de libertad, perteneciendo a una sociedad de consumo galopante, todo eso me crea una serie de reflexiones que son las que he intentado compartir”.

  • ¿El escritor tiene algún compromiso con su tiempo?

Inevitablemente, aunque no quiera tenerlo. No es tanto un compromiso, como que no puede escapar de ser hijo de su tiempo. Todos los escritores pertenecemos a un momento concreto, incluso a las literaturas que nos preceden y nos acompañan, tantos a los maestros como a los colegas que están a nuestro alrededor.

“También entiendo que es una de las pocas explicaciones por las que muchos de nosotros –incluye a nosotras, por supuesto- nos atrevemos a escribir. Si miro la librería de mi casa o entro a una biblioteca y leo la literatura universal que me precede, sí digo ‘cómo tienes el coraje de incluirte en esto’. La única razón, y lo decía Marguerite Duras, es que hay que decirlo otra vez y desde tu propio tiempo y desde ti mismo. Más que un compromiso, es algo absolutamente inevitable”.

Las nuevas formas de comunicación

Ray Loriga no sólo es escritor, también es guionista de cine y hasta ha dirigidos sus propias películas: hacia 1997 colaboró en el guion de la película de Pedro Almodóvar, Carne trémula; en 2004 participó en el guion de El séptimo día de Carlos Saura y en 2005 también colaboró en la escritura de Ausentes de Daniel Calparsoro.

La pistola de mi hermano, adaptación de su novela Caídos del cielo y en la que además de su entonces pareja sentimental, la cantautora Christina Rosenvinge, fue su primera exploración como director de cine. Eso sucedió en 1997 y casi una década después filmó Teresa, el cuerpo de Cristo, que aborda la vida de Teresa de Jesús, con las actuaciones de Paz Vega y Geraldine Chaplin.

Hay, sin embargo, en Ray Loriga una necesidad por mantenerse como el rockstar de la literatura española, aun cuando es de los pocos que se atreven a sobrevivir hoy día sin un teléfono celular a la mano, seguro de que todo cambio tecnológico importante en la historia de la humanidad llevará un proceso de adaptación, “en el cual a lo mejor encontramos el idilio perfecto, en el que sepamos por qué son útiles algunas herramientas, sin que nosotros seamos los que somos útiles a esas herramientas y, sobre todo, a aquellos que ganan dinero con ellas”.

Al final, en Ray Loriga pueden darse múltiples maneras de entender el presente, su presente, pero siempre con una mirada crítica: en el pasado había mucho sexo, drogas y rock and roll; en Rendición no aparece nada de eso, pero siempre se mantiene aquello que lo lleva a la escritura: preguntar, no aceptar la primera explicación. Su literatura parte de una mirada que siempre duda de la primera impresión.