Lo que su brillante y despreocupada superficie escondía era soledad, tristeza, polvo, tal vez causados por la gran pena de haber perdido a su hijo antes de cumplir los dos años, o tal vez siempre estuvieron ahí.

Muchos de sus alumnos la recuerdan como una docente enérgica pero a la vez bondadosa: no se permitía el chascarrillo o la falta de respeto.
8 marzo, 2018
Para los amantes del misterio: Guadalupe Nettel
8 marzo, 2018

Lo que su brillante y despreocupada superficie escondía era soledad, tristeza, polvo, tal vez causados por la gran pena de haber perdido a su hijo antes de cumplir los dos años, o tal vez siempre estuvieron ahí.

Pita Amor: Resurrección florida

Por Cynthia Granados

Pensar en Pita Amor al final de sus días provoca imágenes de pesadas alhajas cubriendo dedos, brazos y cuello, un bastón que ayuda a caminar, pero también es arma letal para cualquiera que se atreva a ofrecerle ayuda, un espíritu injurioso, chocante, capaz de ahuyentar en minutos a amigos de años, mujer parodia de sí misma y parodiada por otros mil veces, mendigando un taco a cambio de un dibujo o un poema.

Guadalupe Amor fue la séptima de siete hijos, por lo que no es de extrañar que a sus padres no les quedara mucha energía para su educación. Desde pequeña hizo su voluntad, todo capricho cumplido para evitar sus terribles berrinches. A los 18 se fue de casa para vivir con un hombre mucho mayor, era la reina de las fiestas. A los 27 escribe su primer poema con el delineador de ojos sobre una servilleta, y de ahí no para. Pocos creyeron que fuera la autora fidedigna de sus versos. Lo que su brillante y despreocupada superficie escondía era soledad, tristeza, polvo, tal vez causados por la gran pena de haber perdido a su hijo antes de cumplir los dos años, o tal vez siempre estuvieron ahí.

Yo soy mi propia casa

I

Casa redonda tenía
de redonda soledad:
el aire que la invadía
era redonda armonía
de irrespirable ansiedad.

Las mañanas eran noches,
las noches desvanecidas,
las penas muy bien logradas,
las dichas muy mal vividas.

Y de ese ambiente redondo,
redondo por negativo,
mi corazón salió herido
y mi conciencia turbada.
Un recuerdo mantenido:
redonda, redonda nada.

II

Escaleras sin peldaños
mis penas son para mí,
cadenas de desengaños,
tributos que al mundo dí.

Tienen diferente forma
y diferente matiz,
pero unidas por los años,
mis penas, o mis engaños,
como sucesión de daños,
son escaleras en mí.

III

De mi esférica idea de las cosas,
parten mis inquietudes y mis males,
pues geométricamente, pienso iguales
lo grande y lo pequeño, porque siendo,
son de igual importancia; que existiendo,
sus tamaños no tienen proporciones,
pues no se miden por sus dimensiones
y sólo cuentan, porque son totales,
aunque esféricamente desiguales.

IV

Me estoy volcando hacia fuera
y ahogándome estoy por dentro.
El mundo es sólo una esfera,
y es al mundo al que pidiera
totalidad, que no encuentro.

Totalidad que debiera
yo, en mí misma, realizar,
a fuerza de eliminar
tanta pasión lastimera;
de modo que se extinguiera
mi creciente vanidad
y de este modo pudiera
dar a mi alma saciedad.

V

De mi barroco cerebro,
el alma destila intacta;
en cambio mi cuerpo pacta
venganzas contra los dos.

Todo mi sér en pos
de un final que no realiza;
mas ya mi alma se desliza
y a los dos ya los libera,
presintiéndoles ribera
de total penetración

VI

Yo soy cóncava y convexa;
dos medios mundos a un tiempo:
el turbio que muestro afuera,
y el mío que llevo dentro.
Son mis dos curvas-mitades
tan auténticas en mí,
que a honduras y liviandades
toda mi esencia les dí.

Y en forma tal conviví
con negro y blanco extremosos,
que a un mismo tiempo aprendí
infierno y cielo tortuosos.