“Los condenados me han enseñado la inocencia”
1 agosto, 2018

“Los condenados me han enseñado la inocencia”

“Los condenados me han enseñado la inocencia”

Fragmentos del libro Algunos mensajes personales, de Pierre Clémenti, publicado por la editorial Pepitas de calabaza que nos autoriza a publicar partes medulares del libro, que no son, sino la muestra de un sentimiento natural de quien disfruta la libertad y decide acondicionarse a la prisión. Ya está de venta en librerías

“… Para eso sirvió el crimen de Manson: para bloquear el proceso, para hacer que el pueblo americano odiase a las nuevas generaciones, para que éste se convirtiera en el instrumento de su muerte. Hay que saber que el aparato del Estado puede realizar las cosas más aterradoras, provocar el odio y la destrucción. Sabido esto, hay que intentar impedírselo por todas partes, tanto en el ámbito de la política como en el de la información y el arte, combatir por la vida”.

“¿Qué les han enseñado sus madres? Las madres italianas son admirables. Las lobas de Roma. Con uñas y dientes defienden a su hombre y a sus hijos. La familia. Ellas saben que su hombre de vez en cuando se va de putas. Pero vuelven. Si no, desgarran lo que antes defendían, y con la misma energía. Se vuelven locas. En las cárceles italianas hay centenares de Medeas. Una que mató a sus tres críos porque su marido la dejó por otra… Una chica a la que su maromo le prometía una boda, pero la boda nunca llegaba. Hasta el día en que ella se decidió a matarlo, así ¡clac!, y al mismo tiempo mató a los dos hijos que había tenido con él. Estas estrellas fugaces no conocen el compromiso, son totales; si su sueño se hunde, lo queman todo. Las mujeres pueden quemar: son fértiles. La tierra puede cubrirse de cenizas. Mujeres, mujeres, tierra sagrada de mi nacimiento, los hombres son solos conflictivos”.

“He pasado un poco por todos los sistemas represivos de la sociedad, ya sean las correccionales, los colegios del Estado, los centros psiquiátricos o los asilos para criminales y ahora, para terminar, las cárceles. Todas esas voces ahogadas que he escuchado durante años dicen lo que se ha hecho de la verdad y de la justicia en este mundo. Exigen que se le dé al hombre encerrado la posibilidad de crear, de reinventarse, de reencarnarse, al llegar su ‘liberación’, en un universo de amor y fraternidad. Pues hoy el hombre que sale de prisión ha sido minuciosamente fabricado para volver a ella”.

“Volver a este lugar de terror se ha convertido en su ‘hogar’, y lo peor es que acaba por sentirse bien en este hogar aterrador. Las cárceles producen a los criminales del mismo modo que las universidades producen a los científicos o las escuelas de arte a los artistas”.

“Que al menos se ofrezca a aquellos que están condenados por un sistema el medio de emerger de las profundidades”.