…“literatura dura”, nada de doncellas ni chicas de escuela, nada de jovencitos bien peinados, no, hombres rudos en todos los sentidos, mujeres de carácter que deben ser fuertes para compartir el mismo espacio que los borrachos, desempleados y desadaptados sociales…
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La ciencia a la calle
23 mayo, 2018

Nahui Olin. La maga del sol

Nahui Olin.

La maga del sol

Por Cynthia Granados Posada

“Escribo este texto tentada a empezarlo en el lugar común, resaltando las cualidades físicas de Carmen Mondrágon que la convirtieron en musa de pintores y fotógrafos en su época. Pero no”.

Carmen Mondragón nació en Tacubaya en 1893, hija de Mercedes Valseca y el general porfirista Manuel Mondragón. La familia era acaudalada y conservadora, su madre se encarga de instruirla en la escritura y la música, y desde pequeña demuestra una sensibilidad especial. A los diez años escribe:

“Soy un ser incomprendido que se ahoga por el volcán de pasiones, de ideas, de sensaciones, de pensamientos, de creaciones que no pueden contenerse en mi seno, y por eso estoy destinada a morir de amor…”.

Su infancia la vive en Paris, y poco después de volver a México se enamora (¿o encapricha?) y se casa con el entonces cadete Manuel Rodríguez Lozano. Juntos viajan a Paris donde comienzan a pintar y a relacionarse con figuras relevantes del arte internacional. Vuelven a México en 1921 y se divorcian en 1922. Carmen comienza una relación con el pintor Gerardo Murillo “Doctor Atl”. Es él quien le otorga el apodo en náhuatl que adoptará por el resto de sus días: Nahui Olin, que significa cuarto curso del sol.

Nahui pinta: autorretratos, parejas, gatos, escenas de la vida cotidiana. Su estilo es naif, plano, libre, lleno de color.
Nahui escribe: desde pequeña plasma en palabras lo que siente. La vida, la muerte, el cuerpo (su cuerpo), su tristeza e incapacidad de adaptarse a este mundo, su rebeldía: “¡Qué me importan las leyes, la sociedad, si dentro de mí hay un reino donde yo sola soy!”
Nahui posa: muchos la pintan resaltando siempre esos ojos enormes como un magneto verde que atraen a todo aquél que miran. La fotografían desnuda, en blanco y negro, su cuerpo desinhibido, libre, consciente y orgulloso de su belleza.

Como toda belleza física, la de Nahui Olin se fue esfumando con la edad, al igual que el interés de quienes apuntaban luces, pinceles y cámaras hacia ella. Nahui termina vagando por la Alameda Central de la Ciudad de México, intentando vender sus cuadros y fotos de juventud para poder alimentar primero a los perros y gatos que la acompañan en la casa de su infancia, después a ella misma. Está convencida de que es su trabajo y responsabilidad sacar al sol por las mañanas y meterlo por las tardes, mirándolo fijamente mientras mueve la cabeza en círculos. Nahui cierra sus dos soles permanentemente el 23 de enero de 1978, acompañada de una sábana pintada con el retrato de su amante marinero, que en su fantasía volvería por ella para llevar su arte ante los reyes de España.