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Narrar el alma desde la realidad

Por Arturo Mendoza Mociño

…Ondas de pánico impulsaban a la gente en los dos sentidos: hacia el mar, para ver lo que había sucedido y socorrer a los que podían ser socorridos; lejos del mar, lo más lejos posible, para ponerse al resguardo por si aquello volvía…(1)

Hotel Eva Lanka, Sri Lanka, 26 de diciembre de 2004, el tsunami que arrasaría las costas del sudeste asiático irrumpe en la vida y en la obra de Emmanuel Carrère (París, 1957) en un libro fractal de múltiples desdoblamientos: De vidas ajenas (Anagrama, 2011).

…A cien metros de su casa no reconocía nada: ni una pared ni un árbol. A veces caras conocidas, las de los vecinos que chapoteaban como él, negros de barro, rojos de sangre, con los ojos ensanchados por el terror, y que como él buscaban a los seres queridos… (2)

Desde la caída de las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, la ficción va a la baja en ventas y en títulos. Cada vez son más los libros de la llamada “no ficción”, es decir, que versan sobre la realidad, los que conquistan más mentes y corazones entre lectores de todo el mundo. En esa nueva mutación de gustos de lectura sobresale este autor nacido en París, en 1957.

…una de las reglas del oficio es no tener miedo de la desmesura ni del melodrama… (3)

Periodista, guionista y cineasta, con una ascendencia rusa que ha vertido en sus libros Una novela rusa (2008) y Limónov (2011),Carrère era un escritor de ficción y se consideraba novelista.  Pero tras varios años de sufrimiento y vanos esfuerzos por escribir una novela, empezó a escribir a la manera de la no ficción, aquel estilo narrativo que abreva en el periodismo y donde el argentino Rodolfo Walsh, el mexicano Vicente Leñero y los estadunidenses Truman Capote, Norman Mailer y Tom Wolfe son precursores. Fue entonces que, como en un juego de matrioskas rusas, nació otro escritor y el autor de El adversario (2000).

La mañana del sábado 9 de enero de 1993, mientras Jean-Claude Romand mataba a su mujer y sus hijos, yo asistía con los míos a una reunión pedagógica en la escuela de Gabriel, nuestro hijo primogénito… (4)

En primera persona narra hechos reales que se entrelazan con su vida. O si se prefiere, se adentra a su vida familiar, profesional, amorosa y erótica, con anclajes literarios desde la realidad. Ensambla, desdobla, revela lo más íntimo.

…En mi juventud fui un eyaculador precoz, es una experiencia horrible y de ella me viene la convicción de que el mayor placer consiste en estar en todo instante al borde del placer… (5)

Su estilo, su escritura, su imaginación, descubre azorado, ya no gesta novelas. Incluso, provocador, ha olvidado el proceso de imaginar historias. Todo lo toma de la realidad o de él. Ha inventado un nuevo género: el carreriano, donde el yo o la voz de la primera persona desenreda el hilo de la trama. No es una fusión de géneros como ocurre en la obra del mexicano Sergio Pitol o el italiano Claudio Magris que mezclan, con maestría, el ensayo con la narrativa, las andanzas viajeras con los apuntes biográficos. Carrère ha encontrado en la realidad su motor literario. ¿La realidad, entonces, ha superado por fin a la ficción? En cada nuevo libro suyo está esa apuesta creativa y nuevos retos y, claro, riesgos.

…Someter ‘Una novela rusa’ a la aprobación de mi madre y de Sophie habría sido como tirarla directamente al fuego: como no podía permitirme este lujo, las puse ante el hecho consumado… (6)

Ahora Carrère estará en México predicando su verbo literario en la Feria del Libro de Guadalajara, entre demasiados títulos y lectores, en busca de más y más feligreses de su estimulante obra cristiana que no oculta, que no para de florecer, porque uno de sus últimos libros se llama El reino (2015), el cual gira alrededor de la vida de Lucas, aquel médico culto de origen sirio, de tranquilo carácter y genial narrador que acompañó a Jesucristo, con el que se identifica y se trasmuta para contar “la acción de la gracia” en su vida y en la realidad porque la fe también anima a este escritor canónico, fructífero y epifánico.

1, 2, 3, De vidas ajenas, p. 381, p. 380, p. 422, respectivamente.

4, El adversario, p. 9.

5, Una novela rusa, p. 237.

6, ídem, p. 564

Notas tomadas de Emmanuel Carrère Compendium (Anagrama, 2017), Barcelona, España, 570 pp.

 

Otro de sus libros

Emmanuel Carrére

Bravura

Traducción de Jaime Zulaika

Anagrama, 2016, 354 pág.

En aquella reunión conocida como “la noche de los monstruos” se gestaron dos novelas que se han acompañado a través de los siglos: Frankenstein, de Mary Shelley y El vampiro, de Polidori, secretario de Lord Byron. Mucho se ha especulado sobre el plagio y la autenticidad de las obras, lo cierto es que a partir de un ejercicio de entretenimiento hoy podemos disfrutar de dos obras de gran calidad.

En esta novela, Emmanuel Carreré se centra en Polidori, al que ubicamos en el Soho londinense, adicto al láudano que le proporciona una prostituta, al borde del suicidio y carcomido por el resentimiento porque cree que Byron se ha apropiado de El vampiro y considera que Shelley le ha robado una idea para escribir Frankenstein. ¡Pobre hombre! No tiene otro paliativo que el láudano y el aislamiento.

“La novela es una exploración de los mecanismos de la narración, una sugestiva indagación en el papel del escritor y también del lector, y sobre todo una propuesta literaria de una inventiva torrencial, que deslumbra y atrapa”…