“Soy tan pretencioso como los demás, pero lo fui más tarde que los demás”: Pierre Lemaitre

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“Soy tan pretencioso como los demás, pero lo fui más tarde que los demás”: Pierre Lemaitre

Los lectores son los psicoanalistas del novelista, porque hacen surgir del libro cosas que el escritor no había visto.

Por Jesús Alejo Santiago

Contaba con 56 años de edad cuando empezó a publicar sus libros. Antes, Pierre Lemaitre se había dedicado a la formación profesional de adultos, enseñando comunicación y cultura general, y literatura destinada a bibliotecarios. Como lector, solía estar muy cerca de las letras y eso lo condujo al camino en el que se encuentra hoy día.

Si bien hay varios casos de escritores que llegaron tarde a ver sus historias convertidas en libros, no ha dejado de ser una interrogante permanente a su persona en cualquier parte del mundo; su respuesta ante tal hecho lo define no solo como escritor, sino como persona: “si a esa edad me hubiese convertido en un agente de ventas, en un mecánico o en un plomero, nadie me haría esa pregunta”.

Por todo lo anterior, Lemaitre considera su trabajo como un permanente “ejercicio de admiración por la literatura”. En Irene, su primera novela publicada hace apenas una década, el escritor rinde homenaje a algunos de sus maestros, como Bret Easton Ellis, Émile Gaboriau, James Ellroy o William McIlvanney,  por lo que quizá el tema no sea que se haya concretado como escritor a los 55 años de edad, sino que en este tiempo ha publicado títulos que han  obtenido los principales premios en novela negra en Francia.

Pierre Lemaitre se hizo popular entre los aficionados del género gracias a la trilogía de Camille Verhoeven, un comandante de policía que no llega al metro y medio, todo cólera y sentimientos encontrados y un destino atroz.

*En una entrevista dijo que hacer literatura pretenciosa era muy fácil. ¿De verdad dijo eso?

Francamente, no pienso que uno se convierta en escritor por exceso de modestia. En sí, el acto mismo de escribir es muy pretencioso: cuando has sido un buen lector, cuando uno a leído a Dumas, a Víctor Hugo, a Stendhal, a García Márquez, Carlos Fuentes y Octavio Paz, se requiere cierto nivel de pretensión para decir “bueno, yo también voy a poner un libro en la repisa junto a todos esos autores”.

“En sí, el acto mismo de escribir es pretencioso. Mi excusa es que me volví pretencioso tarde: soy tan pretencioso como los demás, pero lo fui más tarde que los demás”.

*Se ha dicho que su obra ha renovado el género, en especial a través de la trilogía sobre Camille Verhoeven, un personaje muy distinto a los inspectores o policías de otras sagas…

No sé cómo los otros novelistas reaccionan. Cuando miro mi trabajo encuentro dos momentos muy distintos: el del trabajo, cuando escribo, y luego está el destino mismo de los libros. Cuando escribí Nos vemos allá arriba, no tenía la impresión de estar haciendo un libro importante, tenía la impresión de que era un buen libro. La historia estaba bien, estaba contento de mis capacidades, porque estaba haciendo lo mejor. El devenir del libro se me va de las manos.

Al escribir la trilogía de Verhoeven no tengo la impresión de haber hecho una obra innovadora, no tengo una idea preconcebida sobre el porvenir de esos libros. Cuando se traducen puedo tomar cierta distancia y ver todo lo que dice la crítica: el psicoanálisis nos ha enseñado acerca del inconsciente del texto, porque uno hace una historia de manera consciente en la que caben muchas cosas inconscientes que la vida nos va a ir revelando poco a poco. Los lectores son los psicoanalistas del novelista, porque hacen surgir del libro cosas que el escritor no había visto”.

Las dificultades del escritor

La historia literaria de Pierre Lemaitre comenzó con Irene, luego vinieron Vestido de novia, Recursos inhumanos, Alex… títulos que forman parte del género negro y con los cuales ha obtenido el reconocimiento internacional, pero en su mismo proceso creativo se encontró con Nos vemos allá arriba, con el que obtuvo uno de los premios más importantes de Francia, el Goncourt.

Aquello se volvió un tanto especial para el escritor: los autores y lectores de la novela negra lo consideraron un traidor del género; los escritores “serios” se preguntaron cómo es que un autor de literatura negra había cometido la osadía de ganar un reconocimiento tan importante.

Para Pierre Lemaitre todo ha sido literatura.

*Cuando obtuvo el Premio Goncourt, con Nos vemos allá arriba, en 2013, una de sus preocupaciones parecía demostrar que era “un escritor de verdad”

Se decía mucho que en el fondo era una especie de legitimación, una manera de decir “vean cuánta apertura tenemos que le dimos el premio a alguien que ni siquiera merecía recibirlo”. La enorme ventaja de obtener ese reconocimiento es que me encuentro en la lista de los elegidos, al lado de Duras, de Malraux… puedo considerar a Proust como un colega de oficina. Ahí, mi legitimidad ya está entera.

*¿Piensa en el lector a la hora de escribir…?

Por supuesto, mucho, pero no pienso en él para darle gusto. Pienso en él porque sé lo que tengo ganas de suscitar en su persona. Según la concepción que tengo –suenan muy pretenciosos los discursos sobre la literatura-, es que en el fondo, la herramienta de trabajo, mi instrumento, es la emoción que logro provocar en el lector.

En Nos vemos allá arriba, un hombre que no quiso a su hijo, le da una especie de síncope, el retorno del inconsciente freudiano, y se da cuenta de que ese malestar se le presenta el día en que se cumple el aniversario de la muerte de su hijo y, de pronto, se siente abrumado al tomar consciencia de que a ese hijo sí lo quiso, pero ya no se lo va a poder decir. Con eso, quiero que cuando leas el libro, siendo que hasta entonces te resultara antipático, tengo ganas de que en ese momento te sientas conmovido por un personaje al que odias.

*En un mundo en el que se pueden encontrar historias como el robo en Paraguay, donde participaron 50 personas como si hubiera sido una película de Hollywood; donde todos los días leemos sobre los muertos por el narcotráfico o de aquellos que se suicidan en Europa porque las expectativas de futuro ya no son las mismas… ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta no solo el género negro, sino la literatura en general?

No creo que los desafíos sean más complejos hoy de lo que fueron en el siglo XVIII o en el XIX. Pienso que cuando Víctor Hugo escribía Los miserables, estaba confrontándose a una realidad terrible, cruel, una pobreza endémica en una Francia que ya estaba marcada por una distancia considerable entre ricos y pobre. Pienso que el mundo no es más cruel, sino que tiene otras reglas.

Tampoco creo que la literatura sea más difícil de hacer hoy de lo que lo fue en el siglo XIX o en el XX. Por ejemplo: imagine lo que significa ser un escritor alemán en 1946, qué dificultad hay en ser un intelectual alemán en 1950, cuando detrás de usted está la generación de sus padres que, en el fondo, acompañaron esa locura que atrapó a Alemania… la dificultad de ser un escritor es considerable. No creo que sea más complejo hoy. Tengo una gran admiración por esa generación de escritores alemanes que tuvieron que hacer literatura con ese peso de la historia.

No creo que la realidad, con las noticias que usted menciona, hagan el trabajo más difícil o más fácil a los escritores. En sí, hacer literatura es difícil, aunque es un oficio que no es mucho más difícil que el de un periodista”.

Los monstruos literarios

Pierre Lemaitre goza de un gran éxito en distintas partes del mundo, algo que no deja de abrumarlo. Lugar donde se para, se enfrenta a cientos de peticiones de entrevistas y las presentaciones resultan verdaderos acontecimientos y todo en poco más de una década. Sin embargo, goza más de la plática, de las posibilidades de un buen libro.

El escritor francés está convencido de que la literatura sirve para intentar comprender el mundo, pero para quitarle un mucho de solemnidad a la importancia de los escritores, al mismo tiempo vive con la certeza de que hay otras disciplinas que sirven para lo mismo, como la historia, la sociología, las matemáticas, la filosofía y la literatura con emociones.

Su apuesta primordial es crear una emoción en el lector, compartirle a ese anónimo que busca sus libros una visión de la existencia, aun cuando termine por estar en desacuerdo con ella. “Mi oficio consiste en provocar emociones, es decir, tengo ganas de que el lector quiera o deteste a mi personaje, que tenga miedo. Y pienso mucho en el lector, porque cuando estoy escribiendo me pregunto si logré escribir algo que provoque la emoción que estoy buscando”.

*En Tres días y una vida hay una especie de reflexión sobre los monstruos que todos llevamos dentro…

Tenemos un monstruo en nuestro interior, pero creo que el personaje no es monstruoso. En todo caso estamos habitados por nuestra propia historia, no podemos escapar a ella. El tema del libro es la forma en que el protagonista trata de escapar permanentemente de su propia historia y todo va a concurrir para que lo logre, pero no lo logra nunca.

*Aunque es muy difícil de generalizar, sería como un reflejo de la sociedad contemporánea: a todos nos alcanza nuestra propia historia, tenemos rabia, y solo pensamos en pasar un buen momento en la vida…

Tengo la impresión de que es una experiencia humana de todos los tiempos, pero los tiempos de hoy son un tanto singulares, porque vivimos en un tiempo muy inmediato. Cuando una información quita de su lugar a la otra, las cosas van muy rápido. Se ha vuelto importante ser flexible y lograr pasar de una cosa a otra rápidamente, pues las cosas duran menos: es paradójico, porque tenemos un tiempo más largo, pero las duraciones son más breves.

“La esperanza de vida es mucho más importante, pues estadísticamente voy a vivir más tiempo, pero los niños se van más pronto de casa, y uno ya no ejerce el mismo oficio durante más de cinco años. Por eso, uno tiene la impresión de que nuestra historia se reinicializa una y otra vez, que uno se vuelve a poner en ceros una y otra vez”.